Puente Real

La economía social y la atención a la dependencia

Fecha: 24/10/2012

Trabajo elaborado por la Fundación Alternativas con la colaboración de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES), Suara Cooperativa, Fundación Cajamar y la Fundación Gredos San Diego que realiza una fotografía de los antecedentes y estado actual del sector de la dependencia, además de recoger una batería de medidas que ayudarían a potenciarlo.

 

 

La Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia (LAPAD), además de dar respuesta a una urgente necesidad social, supone una importante oportunidad para crear actividad económica sostenible y generar empleo, pues la atención a la dependencia se concreta, fundamentalmente, en actividades de cuidados personales, que sin muy intensivas en trabajo.

Sin embargo, el ingente potencial de generación de actividad y creación de empleo de la LAPAD (estimado en más de 635.000 puestos de trabajo a jornada completa en el horizonte de 2015) no está siendo plenamente aprovechado, debido entre otros factores a la irrupción de la crisis económica y a las respuestas que, ante la crisis, han adoptado los distintos agentes: por una parte, porque su implantación se ha visto primero frenada y después parada en seco por las políticas de ajuste; por otra, porque debido a la crisis y a sus efectos sobre el mercado laboral, una gran proporción de personas y familias han optado por la prestación económica por cuidados en el medio familiar, que a pesar de su carácter excepcional se ha convertido, con diferencia, en la prestación con más peso del sistema.

No obstante, a pesar de la difícil coyuntura económica por la que estamos atravesando, el efecto de la LAPAD en el empleo, aunque todavía lejos de las previsiones del Libro Blanco y de algunos estudios posteriores, se ha dejado sentir nítidamente, hasta el punto de que la rama de actividades de servicios sociales ha sido una de las pocas que ha conseguido mantener un crecimiento positivo del empleo en los últimos años, ofreciendo oportunidades de trabajo a mujeres, personas con discapacidad, trabajadores mayores de 45 años y otros grupos con dificultades de inserción.

Ello confirma que, en un momento en el que el empleo debe convertirse en la gran prioridad, dedicar recursos al desarrollo e implantación de la LAPAD es una de las mejores formas de avanzar hacia un modelo de crecimiento más equilibrado, más sostenible y más intensivo en creación de empleo estable y cualificado.

El papel que, en ese empeño, juega, la Economía Social debe ser reconocido e impulsado. Las empresas de la Economía Social se han situado siempre a la vanguardia a la hora de afrontar los retos sociales, y lo han hecho también en el ámbito de la atención a la dependencia, donde han desarrollado iniciativas que han permitido suplir las carencias de coberturas de las necesidades sociales. Sin embargo, ese papel no debe limitarse a cubrir los huecos que la acción pública y el mercado no atienden o han abandonado. Frente a la tradicional visión subsidiaria o sustitutiva del papel de la iniciativa social, se abre paso el convencimiento de que su aportación es especialmente adecuada y válida para contribuir a la mejora del bienestar, y que constituye un medio idóneo para promover los valores de solidaridad, para situar a la persona como objetivo de la acción y para establecer mecanismos de control del Estado y del Mercado por parte de los ciudadanos.

Además de participar en la provisión de servicios de bienestar, las empresas de la Economía Social han venido demostrando una notable capacidad para impulsar y sostener actividades económicas generadoras de empleo estable y de calidad, contribuir a una distribución más igualitaria de la renta y la riqueza, amortiguar los desequilibrios del mercado laboral, tanto en etapas expansivas como de crisis, favorecer un desarrollo equilibrado y sostenible de la economía y contribuir a la autonomía territorial y al desarrollo local. Como ha resaltado Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, con motivo de la proclamación del Año Internacional de las Cooperativas, que actualmente estamos celebrando, "Con su distinto énfasis en los valores, las cooperativas han demostrado ser un modelo empresarial versátil y viable, que puede prosperar incluso en épocas difíciles. Su éxito ha contribuido a impedir que muchas familias y comunidades caigan en la pobreza".

La implantación de la LAPAD debe brear condiciones que hagan posible el desarrollo de nuevas iniciativas económicas en el campo de la Economía Social, y que permitan que las oportunidades de empleo que se generen en el sector de la atención a la dependencia favorezcan también a las personas desempleadas con mayores dificultades de inserción. Para ello, frente a las actuaciones de mero recorte, deben adoptarse medidas dirigidas a permitir que la LAPAD haga efectivo su potencial de creación de empleo y generación de actividad económica. Es necesario que se refuerce la inversión en infraestructuras y servicios, coordinada entre el Sistema Nacional de Salud y el Sistema par la Autonomía y Atención a la Dependencia; que se desarrolle un modelo organizativo y de gestión más eficiente; que se promueva el afloramiento a la economía regulada de los muchos empleos sumergidos que aún hay en el sector, y que los poderes públicos establezcan una auténtica colaboración con las entidades de iniciativa social, que debe estar dirigida a hacer efectivo el principio de participación del tercer sector y la Economía Social en la gestión de los servicios y prestaciones de promoción a la autonomía personal y atención a la situación de dependencia, consagrado en la LAPAD.

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